Desde bien pequeñito, mi hijo mayor no acertaba cuando jugábamos a los colores. Le pedía el marrón y me daba el verde, y viceversa. No le di importancia. Es pequeño, ya aprenderá, me dije.
Es un niño al que no le gusta pintar, ni siquiera sus propios dibujos. Cosas de críos, pensé. No a todo el mundo le gusta dibujar y pintar (yo la primera ahí, nunca me gustó dibujar).
Un día, comentando el tema en familia, mi hermano me comento la posibilidad de que fuera daltónico. El lo es y había buscado mucha información para conocer mejor este trastorno, así que me contó que, tal y como se transmite, mi hijo tenia muchísimas posibilidades de padecerlo.
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